¿Una manga sirve? ¿Para que?
Pueden ser dos preguntas algo extrañas sin embargo, podemos comentar que en ocasiones hasta las preguntas mas descabelladas tienen sus bases bien puestas.
Esta instantánea, tiene que ver precisamente con las mangas y con los adolescentes que parece que en ocasiones no tienen muchas cosas que hacer. Bueno esta pequeña historia comienza allá por los finales de los años setentas, en una de esas colonias comunes y corrientes, bueno un poco más corriente que común de la delegación iztapalapa, por cierto muy cercana al río churubusco.
Todo comienza en una tarde de clases en la secundaria llamada “defensores de puebla”. Era un día normal de clases en donde algunos maestros no asisten y los alumnos en calidad de cuatíes en celo jugueteaban y corrían alrededor del salón, como ya se imaginaran, como un torbellino sin límites y con toda la energía que solo la tortilla y la comida chilanga puede brindar.
Cuenta la historia que en esos momentos de locura desenfrenada de estos jóvenes, no les permitía ver que era lo que pasaba a su alrededor ni percatarse de las cosas. Una de ellas llamada “concha” solía traer su suéter bien limpio y presentable, con ello podemos decir que de manera normal, pero dentro de sus ideas no se podía pasar por alto meter las manos en las mangas, pero por ejemplo la derecha en la izquierda y así, como si fuera chinito mandarín pero no podía, por lo que solicito ayuda a varias personas, las cuales se negaron rotundamente como si fueran políticos después de la campaña. Hasta que llego a la ayuda incondicional de mi querida hermana, la cual con el fin de llevar a cabo sus más recónditos deseos, le auxilio a la compañera para que pudiese tener sus manos atrapadas entre sus mangas y así ser feliz.
Pero la historia no termina ahí, sino que por lo contrario esta comienza por que hay que recordar que estábamos en un salón de clase (sin clase, por cierto) en donde los alumnos correteaban felices y con muchas ganas, me cuenta mi hermana que dos chavos andaban correteándose por el salón. Una chica llamada “lola” ,quien andaba corriendo como desaforada tuvo la fortuna de ser escogida para que concha intentara detenerla poniéndosele enfrente una vez obtenidos los poderes mágicos de las manos en las mangas y lo único que consiguió fue un tremendo empujón, con lo cual voló como tres metros y medio aterrizando con todo el cráneo en el duro piso del salón, una vez levantada, aunque no su dignidad humana, las lagrimas fluían como rio caudaloso y la burla de mi hermana que en ocasiones tiende al infinito, me hace pensar que aún en día le sigue doliendo la cabeza a la compañera concha, pero en fin, historia de jóvenes, y también de mangas.
¡Ouch¡
Salud
21/oct/2010
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