El ritmo de trabajo me ha llevado últimamente, por cuestiones de horario, a no regresar a casa a comer , y con esto comenzamos algo muy interesante, "la comida", ¿cuantas cosas hay que no nos gustan para comer?. En particular, siento que mi relación con las calabacitas están a la baja, es más somos como el agua y el aceite, o para acabar mas pronto las detesto, en realidad no las soporto y con eso de que esta de moda, " el comer sano" , en casa se ha adoptado dicha moda en tal forma que la verdad no voy a decir quien, por que se enoja y luego se pone ¡Chucky ! dicen los chavos, la verdad usa las calabacitas, para todo, es mas creo que el café tiene calabacitas, helado, y cosas así por el estilo.
Entonces como veníamos platicando, el miércoles pasado , en un ataque de ira suprema y además por mi horario no regresé a casa por que sabia que iban a hacer calabacitas, me dije a mi mismo - ¡mi mismo!- busquemos un lugar para comer, entonces, recorrí varias calles , hasta descubrir un lugar en el cual me dio buena espina y con ello, fue lo suficiente para poder meterme a tomar mis sagrados alimentos, el servicio fue bueno, no me puedo quejar, el problema fue cuando era la hora del guisado, al darme el menú , el compañero mesero, me dice con cara de alegría y regocijo, -¿ y de guisado que va a querer?- me dice con cara sonriente como si acabara de ganar una diputación -¡ Tenemos CALABACITAS RELLENAS DE QUESO ! - como que bien seguro que eso iba a elegir, en ese momento no se si quería golpearlo o salirme a hacer un mitín al palacio municipal, o tal vez unirme a alguna peregrinación con rumbo a la meca, pero mejor decidí guardar mesura y con ello reaccione a tiempo y conté hasta diez -Coria suspira- ¿Qué mas hay buen hombre? -.... si como no, y ya me dijo las siguientes posibilidades, entonces, pedí una milaneza, tratando de olvidar el trago amargo y salí bien librado de las calabacitas... por ese día.
Salud
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