viernes, 9 de septiembre de 2011

CALABACITAS ... ¡ NO POR FAVOR!

El miércoles fue uno de esos días especiales, en los cuales es mejor no mencionarlos, sin embargo esta pequeña historia que me sucedió, tiene todo el derecho de ser expresada y contada a mis amigos.
El ritmo de trabajo me ha llevado últimamente, por cuestiones de horario, a no regresar a casa a comer , y con esto comenzamos algo muy interesante, "la comida", ¿cuantas cosas hay que no nos gustan para comer?. En particular, siento que mi relación con las calabacitas están a la baja, es más somos como el agua y el aceite, o para acabar mas pronto las detesto, en realidad no las soporto y con eso de que esta de moda, " el comer sano" , en casa se ha adoptado dicha moda en tal forma que la verdad no voy a decir quien, por que se enoja y luego se pone ¡Chucky ! dicen los chavos, la verdad usa las calabacitas, para todo, es mas creo que el café tiene calabacitas, helado, y cosas así por el estilo.
Entonces como veníamos platicando, el miércoles pasado , en un ataque de ira suprema y además por mi horario no regresé a casa por que sabia que iban a hacer calabacitas, me dije a mi mismo - ¡mi mismo!- busquemos un lugar para comer, entonces, recorrí varias calles , hasta descubrir un lugar en el cual me dio buena espina y con ello, fue lo suficiente para poder meterme a tomar mis sagrados alimentos, el servicio fue bueno, no me puedo quejar, el problema fue cuando era la hora del guisado, al darme el menú , el compañero mesero, me dice con cara de alegría y regocijo, -¿ y de guisado que va a querer?- me dice con cara sonriente como si acabara de ganar una diputación -¡ Tenemos CALABACITAS RELLENAS DE QUESO ! - como que bien seguro que eso iba a elegir, en ese momento no se si quería golpearlo o salirme a hacer un mitín al palacio municipal, o tal vez unirme a alguna peregrinación con rumbo a la meca, pero mejor decidí guardar mesura y con ello reaccione a tiempo y conté hasta diez -Coria suspira- ¿Qué mas hay buen hombre? -.... si como no, y ya me dijo las siguientes posibilidades, entonces, pedí una milaneza, tratando de olvidar el trago amargo y salí bien librado de las calabacitas... por ese día.

Salud

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