De: Don José Rubén Romero
Lego a la Humanidad todo el caudal de mi amargura.
Para los ricos, sedientos de oro, dejo la mierda de
mi vida.
Para los pobres, por cobardes, mi desprecio, porque
no se alzan y lo toman todo en un arranque de suprema justicia.
¡Miserables esclavos de una iglesia que les predica resignación y de un gobierno que les pide sumisión, sin darles nada en cambio!
¡Miserables esclavos de una iglesia que les predica resignación y de un gobierno que les pide sumisión, sin darles nada en cambio!
No creí en nadie. No respete a nadie. ¿Por
que? Porque nadie creyó en mi, porque nadie me respeto. Solamente los tontos o
los enamorados se entregan sin condición.
¡Libertad, Igualdad, Fraternidad! ¡Que farsa mas
ridícula! A la Libertad la asesinan todos los que ejercen algún mando; la
Igualdad la destruyen con el dinero, y la Fraternidad muere a manos de nuestro
despiadado egoísmo.
Esclavos miserables, si todavía alientan alguna
esperanza, no se paren a escuchar la voz de los apóstoles: su ideal es subir y
permanecer en lo alto, aun aplastando tu cabeza. “Si Jesús no quiso renunciar a
ser Dios, ¿que puedes esperar de los hombres?…
¡Humanidad, te conozco; he sido una de tus
victimas! “De niño, me robaste la escuela para que mis hermanos tuvieran
profesión; de joven, me quitaste el amor, y en la edad madura, la fe y la
confianza en mi mismo. ¡Hasta de mi nombre me despojaste para convertirlo en un
apodo estrafalario y mezquino: Hilo Lacre!
Dije mis palabras, y otros las hicieron correr por
suyas; hice algún bien, y otros recibieron el premio.
No pocas veces sufrí castigo por delitos ajenos.
Tuve amigos que me buscaron en sus días de hambre,
y me desconocieron en sus horas de abundancia.
Cercaronme las gentes, como a un payaso, para que
las hiciera reír con el relato de mis aventuras, ¡pero nunca enjugaron una sola
de mis lagrimas!
Humanidad, yo te robe unas monedas; hice burla de
ti, y mis vicios te escarnecieron. No me arrepiento, y al morir, quisiera tener
fuerzas para escupirte en la faz todo mi desprecio.
Fui un Pito Perez: ¡una sombra que paso sin comer,
de cárcel en cárcel! Hilo Lacre: ¡un dolor hecho alegría de campanas!
Fui un borracho: ¡nadie! Una verdad en pie: ¡que
locura! Y caminando en la otra acera, enfrente de mi, paseo la Honestidad con
su decoro y la Cordura y su prudencia. El pleito ha sido desigual, lo
comprendo; pero del coraje de los humildes surgirá un día el terremoto, y
entonces, no quedara piedra sobre piedra. “¡Humanidad, pronto cobrare lo que me
debes!.
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