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| ORIENTE |
Hoy vi una historia…
Hace unos meses tuve la oportunidad,
una gran oportunidad diría yo de acercarme a la pedagogía Freinet, una
pedagogía a la cual tuve la fortuna de conocer como muchas cosas en mi vida,
como siempre de forma fortuita, eso es algo que quisiera confesar, fue un
accidente, pero afortunado más bien diría yo de iluminación en mi vida y en mi profesión,
a Freinet lo conocí por un librito de Rius, “El fracaso de la educación en México” y desde entonces no hubo
forma de poder dejar de pensar en su trabajo y en su enfoque de la educación y visión de una sociedad mejor, así que de
forma lírica me iba informando e
instruyendo con respecto a dicho tema.
Regresando al curso- taller al
que tuve la suerte y la dicha de participar hace algunos meses, por fin tuve la oportunidad de
conocer de una manera viva y cercana el trabajo de muchos maestros y compañeros
de profesión (si no es mucho el atrevimiento) ya que era el único profesor de
bachillerato y aparte de que mi área son las ciencias, lo cual no fue ningún impedimento
para aprender y de empaparme de una manera “viva “ de las diferentes técnicas y
formas de trabajo de la pedagogía Freinet,
por fin pude ver como esas imágenes que me formaba al leer , se iban
convirtiendo en realidades y en formas ya no mentales , sino fáticas de las técnicas
y trabajo de Freinet.
Agradezco las atenciones
prestadas y toda la buena vibra que pude experimentar, fue como llegar a un
ambiente el cual había anhelado o
simplemente había pensado y que francamente en algunos momentos se puede pensar
que simplemente no podrían existir de manera real; y sin embargo pude constatar
que existe.
Quisiera comenzar esta historia,
primero, ofreciendo todo mi respeto a la profesión de “ser maestro” en el mejor
de los términos ya que hago la aclaración de que no soy profesor de carrera,
sino más bien de naturaleza, mi propia naturaleza que me ha llevado por estos
caminos tan interesantes, hermosos, tan llenos de vida, de humanidad misma y de
una búsqueda, que cada día llena más mi vida.
Como si esto fuera un pequeño
cuento (confieso que de manera personal, se me hace difícil escribir cuentos)
quisiera compartir una parte de esos caminos recorridos ya hace algún buen
tiempo y que hasta el momento me mantienen vivo, con ganas de seguir adelante y
de humanizarme cada día más.
Maestro… ¿Cómo?
Todo comenzó como lo había
mencionado anteriormente, de una manera un poco fortuita, no sé si el destino,
no sé si la vida misma en ocasiones nos prepara situaciones que nos ubican en
el tiempo y en el espacio; sin embargo sucedió.
Bueno… todo comenzó (y que conste
que no estoy en mi sesión de psicoanálisis), con una pequeña invitación de un
compañero de trabajo , el buen Gerardo Fernández quien en esos momentos se
encontraba estudiando en C.C.H. Oriente , y además era muy activo políticamente
con los movimientos estudiantiles en su momento, parecía una invitación de esas
inocentes, como cuando decimos “sin mucha importancia” a participar en un proyecto de cursos de
materias de alto índice de reprobación y yo como estudiante de ingeniería, pues
se me propuso dar cursos de ciencias, recuerdo muy bien que el primer curso que
impartí fue el de Química I, y creo que es aquí en donde comienza esa gran aventura,
que hasta la fecha la sigo viviendo y disfrutando, aún recuerdo esa fría mañana
de invierno ,cuando iba llegando al Oriente, así me referiré al C.C.H. cuando
desde el inicio fui muy bien recibido por todos , me trataron de una manera muy
amable, desde el estacionamiento hasta los compañeros laboratoristas, recuerdo
que ni siquiera hubo una entrevista previa, ni formalidades, simplemente me había
aventado al ruedo como decimos coloquialmente, regresando un poco a esa mañana fría
de invierno, no ubico bien el edificio si fue el “H” o el “G” , lo que recuerdo
muy bien era una frase que estaba escrita casi en la entrada del laboratorio “Un
joven que no es revolucionario , tiene hasta contradicciones biológicas.
Salvador Allende” , recuerdo que llegue y me senté en una de las
jardineras que estaban colocadas en la
entrada del laboratorio, y sin saber bien a que me enfrentaba, casi como si
fuera un juego (un juego que ha determinado mi vida y que sin duda lo será
hasta el final de mis días) , observaba con detenimiento a mi alrededor, cuando
de repente llego una compañera estudiante , frotándose las manos por el frio y
diciendo – Ojalá no sea muy mamón el profe- a los cual yo le conteste eso
espero yo también (es algo que me marco desde el inicio y hasta la fecha lo
llevo conmigo e intento no ser muy mamón) cuando al fin llegó la hora de la
clase y se junto el grupo, llego el momento de decirles –compañeros
pásenle al salón- la compañera puso cara de asombro y me dijo -¿tú eres el maestro?- a lo cual le respondí afirmativamente y
obviamente ofreció una disculpa a lo cual le dije que no había problema, es más
hasta yo mismo dudaba que fuera el maestro en ese momento, pero quisiera poder
explicar ese sentimiento de cuando comencé la clase, fue algo muy extraño, fue
como si no fuera principiante, fue como si ya hubiese tenido experiencia, no sé
si esto se pueda dar , pero fue algo muy extraño , en ese momento descubrí que
era algo que me gustaba y que de cierta manera llenaba mis expectativas de
vida, fue como si hubiera visto una luz en mi camino, en realidad a partir de
ese momento, comenzó un romance con la docencia que hasta la fecha conservo y que
ojalá continúe por siempre. Mi formación es la de Ingeniero Biomédico en la
U.A.M.- I. y como es conocido la formación en ingeniería, de cierta manera nos
va moldeando de una manera un poco cuadrada o deshumanizada; sin embargo con el
correr de los años, he aprendido a no ser tan cuadrado en ese aspecto, sino mas
bien a poder combinar las ciencias desde un punto de vista un poco más humano,
bueno esta sería una pequeña historia de los comienzos de este servidor en la
docencia y quedan más que compartir, y el como he evolucionado en una profesión
que sin lugar a dudas me ha llenado de humanidad y de satisfacciones a través
de muchos años.
Sin más por el momento me despido
, enviándoles un caluroso y afectuoso saludo.
Saludos
Atentamente
Profesor : Coria.

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