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| Captura de pantalla de "Chin chin el teporocho" |
“Tu no´mas imagínate que la vida es como de aquí a la
esquina” ¿Pa´qué quieres más? “sea como sea le vas a llegar y a lo mejor, algún
día se la platicas a alguien”…Chin chin el teporocho.
Armando Ramírez (1971).
Cuando escucho en mi mente en modo “cantadito” exclusivo
modo de hablar de algunas tribus tenochcas de esta capirucha (que por cierto
está en peligro de extinción), vienen a mi, una serie de recuerdos de mi niñez, aquella que viví allá por el barrio
de la colonia “el sifón” – que ahora que pienso y no , no estoy presumiendo ni
mintiendo- siempre le decíamos La sifón, para ser más exactos en trabajadoras
sociales numero 168 , esa era la dirección de la vecindad donde pase mis
primeros ocho años de vida, entre el bullicio y el ruido de los coches, la gente
y demás fauna citadina de la delegación Iztapalapa , allá por los años 70´s ,
la época disco y esa onda post-hippiteca, recuerdo muchas cosas básicamente recuerdo
neutros; es decir ni buenos ni malos, es más podría asegurar que eran bonitos
recuerdos de una niñez libre, medio salvaje, de mucho aprendizaje (es decir
aprendía puras pendejadas ) nótese que yo nací al igual que el libro de Don Armando
Ramírez , en el 71.
Allá por el lejano 74, 75 escuchando los discos de 45 RPM, (a
los más jóvenes se los dejo de tarea)
discos de grupos sesenteros y setenteros,
la sonora santanera, la matancera y toda esa gran variedad que se escuchaba en
el barrio, tal vez todo esto sería tema para otra instantánea.
Recuerdo que la vida no era tan fácil, por aquellos años,
afortunadamente mi mamá comenzaba a trabajar en el gobierno y como sea las
cosas mejoraron un poco y a final de cuentas como se dice por aquí “yo era el
socoyote, la gorda del perro” es decir traduciéndolo al buen español el hijo menor
de cuatro hermanos, mi hermana me lleva ocho años, así que básicamente yo goce
muchas cosas que mis generaciones anteriores no pudieron, de vez en cuando algún
caprichito se podía cumplir, no hay forma de agradecerle a mi madre todo el esfuerzo
que realizó para mejorar la vida de la familia.
Vienen a mi mente esos días soleados, cuando el grupo de
chamacos nos juntábamos a platicar o simplemente a perder el tiempo, tantas historias, pero ¿Cuál
era ese punto de reunión? , El más fácil de observar en la urbe, simplemente
sentarnos en “la banqueta”, observar a los coches viejos, el aceite que tiraban
estos, ese olor tan característico, el ruido de la gente, los coches al pasar y
todo lo que se puedan imaginar que ocurre en los barrios de esta gloriosa
ciudad, nada de eso puede salir de mi mente y mis recuerdos.
Pasaban los días diciendo peladeces, aprendiendo de los
chavos mayores, que francamente yo los veía “ya mayores” que pensándolo bien no eran más que adolescentes medio
abandonados, como yo.
Entonces no concientizaba bien lo que era el barrio , lo que
era la vida en la ciudad, básicamente era mi mundo, todo eran risas y puras
pendejadas, pero todo era compartido “en la banqueta”.
Conforme el tiempo va avanzando y se vuelve uno viejo y vas
escuchando a las personas, siempre te provoca una gran nostalgia el pensar y
recordar nuestro lugar de origen, mucha gente hace alusión a su pueblo, a su
rancho , extrañando cosas que me imagino han de haber sido muy bonitas y cuando
hacen sus remembranzas, se les nota en sus ojos esa necesidad de ubicarse en
ese contexto, cuando intento ponerme en su lugar, vienen a mi mente ciertas
preguntas como ¿Po´s cuál pueblo? ¿Po´s cuál rancho? , si yo me ubico luego,
luego en la banqueta soleada, viajando en el metro, andando de vago por las
calles del barrio o de otros barrios ( a pesar de mi corta edad en esos
momentos, con la pandilla de chamacos de la cuadra) escuchando historias y
saberes propios del barrio que no por eso se pueden considerar positivos ni
mucho menos, entonces me doy cuenta de mi origen, “el barrio y la banqueta”,
aventuras, travesuras, televisión, disfrutando todo lo que la vida me podía
brindar en esos momentos; sin embargo “bien
felizote” como diría Chava Flores (otra tarea, para las generaciones más
jóvenes), hoy me siento orgulloso y siempre reconociendo mis orígenes , como
sabemos la vida y nuestro origen no se
puede elegir ( eso pienso), pero si, se puede concientizar e intentar avanzar y
mirar con ojos de satisfacción y buena vibra esas etapas que uno vivió de niño
y que de cierta manera nos han forjado en esta vida, hoy teniendo un Doctorado
y haciendo lo que más me gusta “ compartir un salón de clases con los
compañeros” tanto de Doctorado así como de Maestría , también con los chavos de
licenciatura, pero algún día me gustaría retomar las clases con los
adolescentes del bachillerato (que fue con quienes me forje en la docencia),
sin duda es bonito recordar y volver a vivir los momentos y etapas de nuestra
vida. Por eso a esta instantánea , le denominé “la banqueta”.
“Extraño sentarme en la banqueta y disfrutar”.
Salud.

Excelente manera de atrapar al lector y me encanta la narrativa, como siempre, gracias por tu gran aporte!
ResponderEliminarGracias.
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